La Obra de la Cruz por David Aguirre
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Evangelio de Juan capítulo 9 - "Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo. Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy. Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista. Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? El dijo: No sé.
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Y era día de reposo cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos. Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo había recibido la vista. El les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo. Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos. Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta. Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista, y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora? Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego; pero cómo vea ahora, no lo sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo. Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga. Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él. Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador. Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo. Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? El les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oír; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos? Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos. Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea. Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye. Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego. Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer. Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.
Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró. Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados. Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos? Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece."
El salmo 85 relata un encuentro que parece imposible: (Salmos 85:10-13) "La misericordia y la verdad se encontraron; La justicia y la paz se besaron. La verdad brotará de la tierra, Y la justicia mirará desde los cielos. Jehová dará también el bien, Y nuestra tierra dará su fruto. La justicia irá delante de él, Y sus pasos nos pondrá por camino"
Solo el hijo de Dios hace posible este encuentro en la cruz, la misericordia significa caridad, un atributo que empuja a perdonar las obras y las consecuencias de nuestra independencia de Dios; significa un impulso a perdonar el fruto del pecado (la muerte), significa piedad. La verdad, por otra parte, significa que no podemos ser perdonados por nuestros pecados, significa que, por cuanto todos hemos pecado, estamos destituidos de la gloria de Dios y que la paga del pecado es la muerte. ¿Como pues pueden encontrarse la misericordia y la verdad, si la verdad me acusa y la misericordia me perdona? Es un milagro, es humanamente imposible, Dios tenía que castigar el pecado pero también tenía que ejecutar su amor y su misericordia. La presencia santa de Jesús denuncia nuestro pecado, pero también anuncia su inmenso amor y misericordia. Toda consecuencia financiera, espiritual, emocional y física de nuestro pecado fue crucificada en la cruz.
Mas adelante, el Salmo 85 dice "la verdad brotará de la tierra" haciendo referencia a que Jesús se levantó del sepulcro, resucitó y Dios le vio desde los cielos y dijo "está hecho". Para nosotros la sanidad física "está hecho", suplir nuestras necesidades "está hecho", sanidad del alma "está hecho".
En el pasaje de Juan, Jesús usó lodo para darle vista al ciego y esto no nos debe sorprender porque la tierra solo estaba ejecutando su función para la que fue hecha cuando Jesús la formó, la tierra estaba delante de su creador y lo único que puede hacer es obedecer. En el libro de Éxodo se relata la salida de Israel de Egipto; el ángel pasaría de noche e identificaría la sangre en los dinteles de las puertas de las casas de aquellos que habían de ser salvos y entonces se ejecutaría el juicio con los demás; la sangre era la señal y cuando el ángel pasara y viera la sangre no habría plaga ni mortandad allí. Cuando esa sangre nos cubre porque decidimos participar del sacrificio del Hijo, nos volvemos inmortales hasta que hayamos completado el propósito de Dios para nuestra vida.
Cuando viene la sanidad física, Jesús nos busca después. Para El no es suficiente darnos la sanidad física, eso es lo más simple, El quiere darnos la sanidad del espíritu para que podamos estar a su lado en el espíritu, esta sanidad trae como consecuencia la sanidad corporal, por eso Jesús le dice al que había sido ciego “quiero darte vida eterna, ¿crees en el hijo?”
En Isaías 53:4-5 leemos "Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados". Aquí vemos que Jesús llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores y fue herido por nuestras rebeliones, esto quiere decir que no hay pecado alguno que hayamos cometido que no pueda ser perdonado, porque la gracia sobreabunda cuando hay pecado. “El castigo de nuestra paz fue sobre el, y por su llaga fuimos curados”, la sanidad implica el alma, el cuerpo y el espíritu que resucita al toque de gracia, cada herida de abandono, cada herida de rechazo, cada herida de menosprecio, de crítica, de culpa y de traición también son sanados por el toque sanador de Cristo. El ciego era menospreciado, sentía culpa porque de acuerdo a la religión alguien había pecado para que el naciera ciego. La sanidad es la gran obra de redención de Cristo en la cruz, cualquiera que sea la aflicción, Jesús es mas grande que ella: SIDA, violencia, carencia económica, cáncer... Jesús es un nombre más alto, El tiene un nombre sobre todo nombre y puso Su vida en expiación por nosotros, el gran logro de la gracia es ese, Cristo sufrió en nuestro lugar y por ello el gran efecto de la gracia puede operar en nuestras vidas, esa obra es la que nos puede mantener sanos en el tiempo y en la eternidad.
Cuando Jesús pasa junto al ciego los discípulos y los fariseos cuestionan a Jesús con respecto al pecado de el o de sus padres, pero Jesús les dice que lo estaban malinterpretando porque no era un asunto religioso sino una oportunidad para ver la gloria de Dios. Jesús le da un enfoque diferente al problema, el problema aún no ha cambiado, pero si la forma en que debía verse. Lo mismo ocurre con nosotros, tenemos una percepción de nuestros problemas, pero en ocasiones tenemos que cambiar la manera en que lo vemos, el Espíritu Santo puede cambiar nuestra percepción del problema para que lo veamos como El lo ve y puede revelarnos que realmente no es un problema, sino una magnífica oportunidad para ver la gloria de Dios. El ciego lo era desde su nacimiento, esto quiere decir que no había ojos, nervio óptico ni región occipital, ese era un gran problema porque no se trataba de arreglar algo, sino de crear algo. Era algo totalmente fuera de toda posibilidad humana, pero Jesús quebranta todo marco religioso. Lo que mas obstaculiza a conocer mas de Dios es lo que ya conocemos acerca de El, eso nos frena porque creemos que hasta allí llega El, pero Dios es mucho mas grande que eso, no tenemos ni idea, no estamos ni cerca de entender lo que El puede hacer. A Jesús no lo limitan los esquemas teológicos ni la academia ni la religión ni nuestras tragedias, ni la culpa, ni la opinión de la sociedad ni nada, El lo sujeta todo y en toda nuestra miseria El revela la gloria.
Luego Jesús hizo lodo, lo aplica en los ojos del aún ciego y le dice que vaya a lavarse al estanque del Siloé. Nosotros hubiéramos puesto muchos pretextos lamentándonos de nuestra desgracia, en el lugar del ciego habríamos dicho “¿y como llego? ¡No puedo ver!” pero Jesús le dice ve y lávate, aprovecha los tiempos selectos de Dios para que camines en ellos porque sabes que son para tu bendición, ve y lávate. Se requiere fe para movernos de la sombra a la sustancia. Si el ciego no va al estanque, no hubiera tenido su milagro; se requiere fe para crear lo inaudito, lo inverosímil, lo increíble; Se requiere fe porque Dios lo dice; no necesitamos garantías más allá de su palabra, su palabra es suficiente. El ciego se fue a lavar y regresó viendo.
Jesús está atento a nuestra necesidad, el ya pagó por ella y le importa nuestro estado actual, quiere acompañarnos allí y en la medida en que caminemos en esa sombra de fe, esta se va volviendo sustancia. La fe es como masa tomada por Dios entre sus manos y siendo moldeada hasta que sucede. El toma nuestra sustancia y lo realiza. Si bien Jesús rompe paradigmas de cualquier tipo, también es cierto que no le detienen los imposibles ni tampoco a los que creen en El.
La sanidad que Jesús da en nuestro cuerpo es infinita, cada vez que partimos el pan en la santa cena y lo comemos con conocimiento y arrepentimiento, desatamos toda la sanidad que el cuerpo de Cristo puede darnos. Cuando participamos de su sangre, recibimos vida eterna, porque en la sangre está la vida. Esa sangre ha sido puesta para nuestra sanidad y salvación.

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