Este mensaje fue el miércoles 2 de enero de 2008.
Esta enseñanza fue el 16 de enero de 2008
Una de las manifestaciones y funciones del Espíritu Santo es el fuego. Dios es fuego consumidor. Cuando el pueblo de Israel salió de Egipto el Señor los guiaba "en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles... Nunca se apartó de delante del pueblo la columna." Ex.13:21-22. El Espíritu Santo nos alumbra con su fuego y nunca se aparta de nosotros.
Dios esta derramando de su Espíritu Santo, como un vino nuevo sobre nosotros. Debemos estar dispuestos a romper con estructuras de religiosidad y tradiciones para ir a la vanguardia de lo que Dios esta haciendo hoy. "Nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán." Lucas 5:38. Como los odres son pieles de animales, necesitaban ser remojados en agua para ablandarlos y que no reventaran en el momento que el vino nuevo empezara a fermentar.
Todas las civilizaciones se han establecido cerca de ríos o manantiales por que el agua es vital para la humanidad. De igual forma, el Espíritu Santo es básico para darnos vida. Donde está el mover del Espíritu, las iglesias, al igual que la visión y los ministerios, crecen por que hay agua de vida. Uno de los principales factores de la congregación es dejar que el Espíritu Santo se mueva con libertad, y que no lo contristemos para no secar este pozo de agua. Como el agua, todos los grupos de la tierra están buscando la presencia del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo se manifestó en el Antiguo Testamento "esporádicamente y específicamente" es decir que "caía a veces" y sobre "algunas personas determinadas". Más en el Nuevo Testamento el Espíritu Santo se manifestó "repentinamente y totalmente" es decir que "venia siempre" por donde fueran los discípulos anunciando el evangelio y "caía sobre todos" los que oían y creían en el mensaje de salvación. Esto mismo sigue sucediendo hoy en día por todo el mundo.
En el Antiguo Testamento el Espíritu Santo se manifestaba esporádicamente y específicamente. Pero en el Nuevo Pacto, el viene como algo fresco y nuevo, derramándose sobre todos y repentinamente. Antes de ser crucificado, Jesús enseñó a sus discípulos "si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre." (Jn. 14:16) Este Consolador es Cristo mismo, pero en la persona del Espíritu Santo. Es el Consolador que trae solución y que permanece para siempre. Tenemos una identidad en él.
Cristo nos prometió no dejarnos huérfanos. "Os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre." Jn. 14:16. En este contexto, la orfandad implica dejar desconsolados, desabrigados y desprotegidos. Hay personas huérfanas por que sus padres terrenales murieron, o intencionalmente los dejaron. Pero el Espíritu Santo, a parte de ser el que nos consuela con abrazos, nos da revelación y dones del Espíritu por que ahora Dios esta operando en nosotros y no nos deja.
Desde la antigüedad Dios había mandado palabra revelada de lo que Cristo vendría a hacer. El profeta Isaías escribió sobre la victoria de Jesús. "Y destruirá en este monte la cubierta con la que están cubiertos todos los pueblos, y el velo que envuelve a todas las naciones. Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros." Is. 25:7-8 El velo que había caído sobre toda la raza humana por la desobediencia de Adán fue rasgado por Jesús en su muerte y resurrección.
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Capítulo 2